Pacto de la banda: Volverse hombres en casa “Lucia”
Les dijeron que abrían a las diez de la mañana y llegaron a las nueve (en estos casos es mejor ser los primeros siempre) después de mucho pensar tocaron el timbre, se abrió la puerta y uno por uno fueron entrando, ocupando un lugar en la sala de aquel recinto.
Las instrucciones fueron dadas a conocer con anticipación por un compañero, cliente asiduo:
-Ya adentro pidan un agua o una cerveza, relájense, esperen a que estén todas sentadas miren a la que mas les parezca, diríjanse a ella, cuanto cobras y se la llevan-
Mientras esperaban que las Señoritas bajaran a recibirlos, les fueron servidas aguas gaseosas y alguna que otra cerveza. El humo del cigarro se confundía con las cortinas blancas de las ventanas.
El ambiente de aquel lugar presentaba sus contrastes:
A lo lejos risitas y cuchicheos de las señoritas, que veían en las caras de sus futuros clientes cierto temor y dudas, mientras que en los pubertos, un silencio sepulcral, que se rompía a ratos cuando comentaban unos con otros cualquier tontería con tal de divagar y despejar la tensión por lo que iba a ocurrir.
-Que bonita mesa-
-Bonito lugar, bien pintado y fresco-
Sus comentarios fueron interrumpidos por un taconeo constante, una a una fueron sentándose frente a ellos.
Pequeños vestidos, ligas, medias, perfume de almizcle y belleza, mucha belleza.
A los futuros hombres se les seco la garganta, no sabían si mirar fijamente a los ojos o a los evidentes atributos físicos de las damas.
Entre dudas de este tipo, más cervezas, más aguas, más cigarros el tiempo paso y nadie se animaba a ser el primero: las once de la mañana.
El mas experimentado se puso de pie, se dirigió a una fémina, le susurro algo al oído, esta se levanto lo tomo de la mano y desaparecieron de aquel lugar tan rápido como pudieron.
¡Uno menos!
La tensión crecía a cada minuto, el segundo, otro menos, el tercero, ya solo quedaba la mitad, otro, otro y otro. Los que no querían tuvieron que hacerlo, no querían exponerse a ser tachados de menos hombres que los demás.
Ya en el cuarto, tuvieron tiempo de resolver ciertas dudas
El:
¿Como te llamas y que edad tienes?
¿Lo haces por que te gusta o por necesidad?
Ella:
¿Es tu primera vez?
¡No te me vayas a quedar aquí!
!Después a lo que te truje chencha!
La previa: ¿Con o sin?
Y luego el platillo principal: mezcla de cuerpos, movimientos continuos y sudor.
El deseo pululaba de una esquina a la otra, se desparramaba en la cama y se fundía en sus labios.
Después de 5,10 y 15 minutos fueron volviendo uno a uno a su lugar en la sala. Cuando retorno el último, pagaron la cuenta, salieron y se reunieron en la esquina para comentar como les había ido, compartir experiencias y hacer chiste de lo vivido.
Se habían convertido en hombres, el proceso de la naturaleza no se detenía y una etapa más se cumplía dentro de sus vidas.
Se retiraron de aquella casa muy alegres, quizá a presumir aquel acto de hombría, quizá a pensar lo que habían vivido, quizá a seguir practicando.
La “Casa Lucia” lugar de culto y meca, de los miembros de “La banda del pickarro”
Lo dijo Karla:
"Soy una persona libre... en todo el sentido de la palabra, revolucionaria a morir, 100% orgullosa de ser Chapina y me gusta hacer que mi voz sea escuchada a cualquier precio!"
Lo dijo Nerval:
"Desconfio de la realidad, la verdad puede encontrarse en los secretos de los sueños"





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