Era el año de 1975, las
calles eran de tierra y la electricidad aun no llegaba a una aldea en un recóndito lugar de nuestra querida Guatemala.
Doña María* era la menor
de tres mujeres, tenia como tarea, entre otros menesteres, la de madrugar y
dirigirse al molino de la aldea para obtener la masa con la que “echarían” las
tortillas para degustarlas en el desayuno.
Una madrugada como
cualquiera, a las Tres y media de la mañana, se “echo” el baño de maíz a la
cabeza y candela en mano se dirigió al molino de siempre ubicado cerca del
“zanjón” de la aldea.
Paso por la casa de la
“Nia Gina” que ya lavaba el maíz y la espero para irse acompañada.
Atravesaron la plaza y al
llegar al atrio de la iglesia la “Nia Gina” con un tono extraño se dirigió a
doña María,
-Mire lo que esta allí-
Divisaron en la puerta de
la iglesia, un bulto pequeño. Había luna, pero una penumbra oscurecía
exactamente ese sitio.
De pronto notaron que
empezó a moverse, a caminar hacia el lugar en el que ellas se encontraban,
dicen que el miedo activa fuerzas extrañas en nuestro cuerpo y eso paso con
ellas, corrieron y corrieron con sendos baños en la cabeza hasta llegar al
molino. Por temor a que no les creyeran no le comentaron nada a don “Javier López”
dueño del negocio.
Más bien recogieron piedras para defenderse.
Así pues emprendieron el
camino de regreso, temblando y encomendándose a San José, patrono de la aldea,
pasaron nuevamente por la iglesia pero ya no había nada; atribuyeron el
episodio a algún “bolo mañoso” que quería pasarse de listo con ellas.
Pasado algún tiempo ya la
electricidad fluía por los hogares y calles de la aldea, el molino ya no
funcionaba con gasolina y la candela que siempre acompañaba a doña María por
las madrugadas fue reemplazada por un palo, mismo que le servía para defenderse
de los “chuchos” que le salían al paso con intención de morderla.
En otra ocasión regresaba
de madrugada a su casa ya con la masa lista, a lo lejos diviso la casa de Bruno
Méndez en donde funcionaba una cantina que dicho sea de paso estaba cerrada. De
pronto observo un bulto pequeño cerca de un pasamanos, la luz del poste no
alumbraba ese sitio, extrañada siguió caminando tratando de acercarse un poco
más, pasó a un costado y el bulto permanecía inmóvil, de pronto se movió,
empezó a levantarse, para entonces ya la visibilidad era mejor, el sombrero
grande era notorio, en la mano derecha tenia una bolsa, “como costal” y las
botas pequeñas y puntiagudas emitían un sonido característico de este calzado.
Entonces paso algo que le
helaría la sangre aún más y que iba a confirmar que aquello no era humano, no
era natural, no era un “bolo” tratando de asustarla…. En el silencio de la
madrugada el carraspeo de la guitarra hizo su aparición…… relacionó una serie
de sucesos extraños que le ocurrían desde hacia tiempo, ese sonido de guitarra
que escuchaba todas las madrugadas y que atribuía a don “Chepe Herrera”, el
cantante de la aldea, se acordó de los pasos extraños que escuchaba en la
“Huerta” y que destrozaban hojas secas, se acordó que varios días atrás la
yegua de su casa llamada “golondrina” apareció con trenzas finas en la “Crin”.
Como pudo empezó a correr con todas las fuerzas que su cuerpo casi paralizado
por el miedo le permitían, llego cerca de las “cinco calles” en donde alumbraba
un foco, el bulto seguía caminando, con paso lento se dirigía hacia donde ella
estaba observando todo. Siguió corriendo y en una casa tenían luz encendida,
era la esposa de don “Chepe Chiquillo” quien ya se encontraba lavando ropa.
Pensó que si por algún motivo
la alcanzaba gritaría con todas sus fuerzas.
La escena tomó un rumbo
inesperado, El bulto seguía caminando pero ahora con dirección a un callejón
contiguo, los perros empezaron a ladrar y aullar de forma lastimera,
incrementando el miedo en doña María.
Pensó que el ente
había cruzado allí para tomar un atajo y salir una calle adelante en donde ella
se encontraba, corrió y corrió hasta llegar a su casa. Contó todo lo sucedido
pero nadie la creyó, más bien se burlaron diciendo que el sombreron la quería
enamorar….
Paso el tiempo y doña María
se caso, se fue a vivir a la capital, tuvo hijos y tiene nietos…
Hoy relata este episodio
verídico y que nunca más se repetiría en su vida.
Algunas noches escucha
pequeños ruidos en el suelo de su dormitorio como si piedritas cayeran de algún
lado…… quizá no sean piedritas, y sea el ruido de una pelotita rebotando,
evocando el relato de Miguel Ángel Asturias sobre el origen del sombreron….
*Nombre
ficticio





interesante
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