Existe un verdadero paraíso a dos horas de la capital, en un pequeño rincón, donde abunda el café, la caña de azúcar, mangos de leche, jocotes tronadores, pan de mujer, marquesote, cushin, chico zapote, ganado, animales de corral etc.
Recuerdo los viajes que organizábamos en familia, abuelos, tíos, primos y amigos, llenos de anécdotas e historias, no faltaba también los comentarios de los tíos "bolos" que llenos de alegría se echaban los "guaros" como un medio o un canal para expresar la alegría de regresar al terruño, a las raíces (al final de cuentas es lo importante en esta vida, volver a donde uno es feliz, ya sea un lugar, una persona, un objeto)
Recuerdo también las visitas al rio, bañarse en sus aguas cristalinas y puras era todo un lujo que pocos capitalinos pueden darse.
Cuando es niño disfruta de las cosas más sencillas y elementales de la vida, reírse por una caída, tomar un vaso de leche al pie de la vaca es toda una anécdota, correr porque un caballo se salió de su corral y viene tras de ti y todos tus primos y amigos te llena de adrenalina y euforia. comer frutas hasta empanzarse, colgarse de la rama de un árbol hasta hacer quebrar la misma, correr por los cafetales hasta perderse en los mismo, a veces hasta con miedo por no reconocer el camino de vuelta, aplastar un pollito y darle un digno entierro entre los huertos, despertarse por las mañanas con el canto del gallo o el ruido de las gallinas bajándose del árbol donde durmieron la noche anterior, (porque esa es la forma original de duermen las gallinas) despertarse con el olor a tortilla recién salida del comal, desayunar con huevos "del país" y tomar café puro, puro, puro (no como la imitación de sobres que te venden en la capital (sea barato o sea caro)) comer frijoles cocidos en olla de barro, comer queso y crema "puros".
El pueblo ha cambiado un poco su fisionomía, las calles empedradas ahora son de asfalto, los caballos han sido sustituidos por carros o motos, la modernidad ha llegado; agencias de bancos, farmacias, clínicas etc.
La vieja ceiba fue derribada del parque central, la que han sembrado apenas ha empezado a crecer.
Todos hemos crecido, mis abuelos fallecieron y con ello, la familia se ha partido, ya no hay más viajes, ya no comemos más frutas ni corremos en las huertas, pero en nosotros vivirá ese recuerdo de niños donde fuimos muy felices.










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