Y sonó la intocable, en el remix tu canción se escuchaba y yo no pensaba en otra cosa que en tu perfume aquel con notas de vainilla casi rayando en lo dulce, eso amargo el recuerdo.
Y no quería escucharla, pero le subí todo el volumen, los vecinos tocaban la puerta por el escándalo y me volví masoquista por 2 minutos 40 segundos.
Y seguía sonando la canción y recordaba aquellas frases tontas que te decía, aquellas frases fabricadas que me decías, una maquila de sueños, acartonados y sin futuro.
Y termino la canción, y la volví a repetir y así seguían llegando los amargos, desengaños, los amargos tragos y los dulces olvidos.
La policía vino hasta la casa, les dije el motivo del escándalo y lloraron junto a mí, al calor de los alcanfores gané dos amigos más.
No tuve valor para ponerla de nuevo, las lágrimas habían regado mi barba (es el secreto de una buena barba) dicen que los hombres no deben llorar, depende King Clave, depende….
Y así será esa canción, la canción marcada, la innombrable, la intocable, la que no debe ni puede ser escuchada, pues levanta polvo, levanta heridas y provoca amarguras, como un café con azúcar.





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