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Le cortaron las manos... y aún golpea con ellas

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sábado, 20 de julio de 2024

Un amor efimero

 

Después de realizar compras en el supermercado y después de haber cancelado el ticket de parqueo, conducía el grisso (mi vehículo) hacia la garita de salida. 

Mis ojos no evitaron posarse sobre una chica que esperaba a alguien en una de las marquesinas de aquel centro comercial. Mis ojos la escanearon de pies a cabeza, no pude contenerme. 

Era hermosa, su piel blanca, sus ojos marrones, tenía la mejor nariz que mis ojos han visto en todos mis años de existencia, su seriedad combinaba con aquella tarde gris de lluvia intermitente. 

Parecía una damisela en problemas, esperando que su caballero llegara a rescatarla del frio característico de los inviernos. 

Baje la velocidad y aprovechado el poco tráfico que concurría aquella tarde seguí recorriéndola y disfrutando su belleza sin igual. 

Mis ojos buscaban los suyos, ella me evitaba y presintiendo que era observada (como toda chica decente no voltea a ver a cualquiera) me mostraba su desdén (ensayado miles de veces) yo sonreía levemente queriendo que me volteara a ver y que quedara claro que me agradaba y su presencia coloreaba mi existencia aquella tarde. 

En un punto de aquel juego entretenido e irresistible para mí y ya temiendo no volteara a verme, sus ojos se encontraron con los míos. Fue un momento mágico, irremediablemente hermoso.... le agrade. sonrió en complicidad, me vio me percibió dentro de todo ese mundo, dentro de aquello que le provocaba intranquilidad y desespero...

Me siguió con la mirada y su sonrisa jamás se borró de sus labios. 

Susurre un hola y susurro un hola. 

Pensé en la posibilidad de estacionarme de nuevo, bajarme, dejar la cobardía, hablarle y pedirle su número....

Seguramente esperaba a otro caballero en su corcel, dichoso de tenerla en su vida. lo que me hizo desistir de aquella idea. 

Volteé por el retrovisor, pero ya no la vi. salí de aquel lugar deseando fuera feliz. 

Me perdí entre el denso tránsito de aquella tarde de sábado, lluvia y smog rondaban el ambiente mientras daba gracias por aquel deleite terrenal de ver un ángel de cerca.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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