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Le cortaron las manos... y aún golpea con ellas

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martes, 10 de mayo de 2011

Una anécdota, a propósito del caso Portillo


Por dejar pasar el tiempo no lleve a registrar mis despachos del ejército a la “Contraloría general de cuentas de la nación” (puchis, puro “Spot” publicitario).

Deje pasar diez años desde que me los entregaron y nunca los lleve. En diez años “no tuve tiempo” de darme una vuelta por ese sector de la zona 1. ¡Diez años!.

El caso es que por cuestiones de trámites, necesitaba dicho cartón y lo lleve a registrar.


La burocracia, característica de las instituciones del estado no se hizo esperar, una cola para que me den la hora, otra para que me la confirmen y otra para desmentir a las dos anteriores. (Mucho pues) 


Total que tenia que llevar una fotocopia del cartón y “la orden general del ejército” en donde aparecía mi nombre y en la que efectivamente el presidente había autorizado se me otorgaran dichos grados. 

Me dirigí a las instancias correspondientes y solicite dicha orden. Efectivamente aparecían los nombres de todos los “promos” incluyendo el mío.

Regrese nuevamente a la Contraloría y después de haber pagado lo conducente una señorita de muy buen ver pero de un carácter de no tan muy buen ver, me indico que todo estaba en orden, solamente había un pequeño inconveniente: La orden no estaba firmada por el presidente ni el ministro de la defensa de aquel entonces cuando me gradué.

!Terrible problema! las firmas que faltaban eran las de El Lic. Alfonso Portillo y la del General Arévalo Lacs.

¿Qué hacia? Sin esa orden firmada expresamente por ellos no darían trámite a mi solicitud en la contraloría.

Bueno, pensé, el tramite es simple, me dirijo al sector 12 de la cárcel pavoncito en donde se encuentran recluidos y solicito sus firmas en la orden general y ¡listo!.

Tuve un ataque de risa (de esos que me agarran con frecuencia) imaginando sobre la posibilidad de lo anterior.

Ir un día de visita a la cárcel, solicitar hablar con ellos y si me fuera concedida la entrevista, imaginar la cara de asombro que pondrían cuando les expusiera el motivo de mi presencia.

¿Me hubieran firmado la orden general? ¿Me habrían convidado a un traguito de Whisky? ¿En la contraloría se hubiesen dado cuenta que la firma había sido colocada hasta diez años después y en su condición de presos?   

Afortunadamente antes de recurrir a este probable pero descabellado acto, y gracias a las gestiones pertinentes conseguí una copia del diario de Centroamérica de aquella fecha, documento que efectivamente si fue valido para la contraloría y realice mi registro sin mayores problemas.

Hoy que ya se conoce el veredicto por el delito de peculado, se repite en el ambiente una frase “No es lo que digas, es lo que puedes demostrar”.
Pienso que junto a el deberían estar siendo juzgados el resto de ex presidentes que han pasado por el “Guacamalón”.

Quizá el error del Lic. Portillo fue no haber repartido para todos, como quizás lo hicieron sus antecesores y por ello no enfrentan tales procesos.

Hoy ya libres, quizás puedan firmarme la copia de la Orden general del ejército en donde se me entregan los despachos, no para usarla en ningún tramite si no para quedármela de recuerdo. 

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