Tres de la mañana. El capitán de vuelo anunciaba que sobrevolábamos el aeropuerto internacional de Ezeiza en las afueras de Buenos Aires.
Tres de la mañana y no había podido dormir ni un solo minuto desde que Salí de Guatemala. ¡Terrible!
El efecto de la cerveza que tome resulto inverso y esa fue la principal causa. Fui casi obligado a ver la película de Jackie Chang “Tuxedo” que se estaba transmitiendo en el avión.
Aterrizamos y con equipaje en mano contrate un “Remise”
El chofer, luego de saber que yo venia de Guatemala, saco una pila de Cds, y coloco uno, era de Arjona, el infaltable por supuesto.
Luego de recorrer unos cuantos kilómetros y de tener una platica amena con mi transportador llegamos a la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.
Una ciudad hermosa que según comentó mi nuevo amigo, una ciudad que se distinguía por la belleza de sus mujeres. Efectivamente lo comprobé, a través el método científico (observar, tocar, oír etc.)
Eran las seis de la mañana y llegamos a mi destino final, la sede de un famoso grupo de teatro experimental, en la cual recibiría un seminario durante una semana.
Después de cancelar por el viaje y del retiro de mi amigo, toque por varios minutos la puerta pero nadie me abrió. Eran las seis de la mañana y seguramente aun dormían.
Resignado caminé unos pasos a mi alrededor, buscando alguna cafetería donde comer algo y pasar el tiempo, observe, de repente tuve una sensación extraña.
Abrí y cerré los ojos varias veces tratando de espantar el sueño que ahora si se hacia presente.
Abrí bien los ojos para estar seguro de lo que veía, una de las esquinas de la calle se erguía un gran rótulo en blanco y rojo “Café Guatemala”.
¡Coincidencia!, un guatemalteco va a un país, a una ciudad que no conoce, busca una cafetería donde calmar el hambre y la sed, la encuentra y precisamente, por obra del destino se tiene que llamar como su país. “Guatemala” “Café Guatemala”
Inmediatamente me dirigí al lugar y pedí la carta.
“Desayunos 3 pesos”
Haciendo la conversión a quetzales eran más o menos 9 quetzales. ¡Nueve quetzales! Barato.
de improviso solicité uno.
Mientras esperaba leí un diario local que estaba sobre la mesa.
Titulares
“Un representante argentino en la final de la copa del mundo” (En referencia al defensor argentino nacionalizado italiano Mauro Camoranessi, que disputaría con el ahora polémico juego Italia-Francia en el mundial Alemania 2006)
Wanchope, aquel tico que muchas veces nos dejo en el camino hacia los mundiales, se incorporaba al equipo “Rosario Central” equipo de la ciudad perteneciente a la mayor de argentina.
Noticias culturales y deportivas preponderaban en el contenido de dicho periódico. Los titulares de hechos delictivos no los encontré. (todo lo contrario a los medios guatemaltecos)
Regreso la “camarera” trayéndome un café y unas “medias lunas”. ¡Que buena entrada pensé!
Devoré dichos alimentos y quede a la espera de mis huevitos estrellados, de un pedazo de queso una rica salsita etc.
Larga espera y nada. Al pasar de los minutos consulte en que consistía el desayuno. Mis sospechas se hacían realidad: el desayuno eran las “medias lunas” y el café.
¡Eso explicaba el precio bajo del desayuno! Luego de reír por unos instantes, pedí un “exprimido” (Jugo de naranja) como complemento.
Y es que al menos en Rosario, el desayuno que se sirve es “ligero”: café o exprimido y medias lunas son las constantes.
“No servimos el desayuno a la costumbre norteamericana”
Luego de dicha aclaración, inquirí acerca del nombre “Café Guatemala”, una camarera hermosa me conto acerca de una leyenda urbana con respecto al origen:
Un aventurero-empresario argentino se dio a la tarea de investigar cual era el mejor café del mundo, sus interrogantes encontraron respuestas: GUATEMALA. Viajó hasta nuestro país en donde aprendió lo relativo a la cultura de nuestro café, siembra, cosecha, climas, formas de cultivo etc.
Todos los conocimientos aprendidos los llevo a su país fundando en el año 1941 “CAFÉ GUATEMALA” ahora además del café ha diversificado sus servicios en cuanto a azúcar en sobres, te, mate, leches, chocolates etc.
Las colillas de viaje de mis maletas me delataban como guatemalteco, los encargados-dueños de aquel lugar hicieron la observación y ya plenamente identificado charlamos sobre nuestros países.
Me despedí de ellos y de unos comensales que comentaban sobre fútbol en una mesa vecina.
Eran las siete treinta de la mañana y los miembros del grupo de teatro experimental me esperaban.
Así terminó mi “Gran desayuno” en el “Café Guatemala” en Argentina





No hay comentarios:
Publicar un comentario