La frecuencia ya no era prioridad. Tampoco la calidad…. Apenas recibían uno pocos garabatos, oraciones incompletas, frases sueltas y silabas. La letra tenia que ser traducida por expertos grafólogos.
Esa era la consecuencia de haberse alejado. Sin embargo las cartas eran bálsamos oportunos, bálsamos color verde, por aquellos que dicen que la esperanza era lo último que se pierde, esta ya estaba muy retirada.
Una historia tan real como la existencia de marcianos, tan ficticia como la televisión en 3D.
Y lo sabían pero se alejaron… “todo tiene un precio” rebotaba en sus cabezas. Toda acción lleva reacción, una sola.
La distancia acabo con todo, hasta con el poco sentimiento que iba impregnado en las cartas.
¿Cuánto tiempo paso? Un Mes, Un año, Un lustro… ¿Cuánto cobras patoje?
Ya los chistes no tenían gracia, ni los “pierde amigos”, aquellos que no aluden
en nada a su nombre.
Así son la vida, así es las cosas…. Se acabaron las cartas, al menos las acostumbradas… ahora llegaban pero en blanco quizá como una forma de representar el silencio o porque no había mas que decir.
Los adjetivos fueron en decadencia “Amado Mario” “Amada María”, “Querido Mario” “Querida María” “Mario” “María”. “M” “M” “Tonto” “Tonta” y así por el estilo. Fue entonces cuando supieron que no había más que hacer, todo había terminado. Así se decidió esa noche fría de un mes cualquiera del año tal., llovía a cantaros, cual inicio de historia cursi de diario de colegiala.
La música deprimente ya había finalizado ya no había botellas para vaciar, en el ambiente un fugaz humo de cigarro circulaba de arriba para abajo.
Adiós a la historia de Mario y María.





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