Nuestro cuerpo
esta lleno de cicatrices, tatuajes que singularmente nos recordaran para
siempre etapas y acontecimientos de la vida.
Poseo algunas;
-Cortes en los dedos
-Un corte en la muñeca de cuando me estrelle en un
alambre de púas en un curso
-Una en la palma de la mano derecha cuando armaba y
desarmaba una pistola 9mm.
-En la rodilla, una de 2 cm, debido a una caída en el escenario
mientras actuaba en una obra de teatro.
-Un cayo en la mano izquierda de tanto escribir.
-Una de cuando ingresó un clavo de zapato en mi brazo
derecho, esto aprendiendo el oficio técnico de zapatero en mi escuela primaria.
-En la ceja derecha, de un piercing.
-Una en el pómulo derecho, casi imperceptible producto
de un “auto-aruñón” que me propine a la edad de 1 año.
Algunos eventos de la vida no dejaron huella y quedan
en la memoria, así de simple.
Hay otro tipo de cicatrices que no se ven, las del alma
por ejemplo, estas se hacen presentes para aleccionarnos o guiarnos por caminos
conocidos o desconocidos.
Me viene a la cabeza aquella frase de un poeta cuyo
nombre no recuerdo
“El cuerpo es la parte visible del alma… te desnude,
buscando la joroba”





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