Relato, mitad ficción, mitad ficción
María quería
suicidarse, no tenia valor para hacerlo sola y era demasiado tímida para
hacerlo de forma colectiva, a ella le gustaban las cosas mas intimas, verán,
era un poco “antisocial”.
Porque al fin de cuentas ¿El suicidio es un acto de cobardía
o de valor? ¿Cobardía para tomar este camino tan “fácil” y no enfrentar los
problemas o valor para elegir el método y tener las suficientes agallas para
realizarlo?
María encontró un clasificado, era de Mario, otro
suicida, otro de los tantos que sobreviven en esta ciudad. “Busco persona para
suicidio en conjunto, no importa edad, sexo o condición social”.
Ambos se conocieron, buscaron el método pero por
diferentes factores, de infraestructura, gustos e intereses no lograban ponerse
de acuerdo, veamos:
No había vigas para colgarse
La “sosa caustica” sin hielo no les hacia gracia
A uno de los dos le daba miedo la sangre (Como para
cortarse las venas), además no querían ensuciar la alfombra del lugar
La indecisión jugo un papel importante, les dio tiempo
para darse cuenta que tenían cosas en común.
¡Se enamoraron los suicidas!
Ahora viven felices, por aquello de los
arrepentimientos consiguieron una casa con vigas, tienen suficiente hielo en la
nevera y buscaron tratamiento psicológico para vencer el miedo a la sangre, y
por aquello de las dudas quitaron las alfombras.
Tienen tres hermosos niños con tendencias suicidas, uno
se trago unos “cincos”, el otro inocentemente se intento ahorcar el mismo y el
tercero…. Ni hablar.
Para mis queridos, mis suicidas frustrados, que bueno
tenerlos por aquí todavía, los quiero, que bueno que no se cumplió aquella
frase que me dijeron hace algún tiempo….
“Adiós muchacho”





No hay comentarios:
Publicar un comentario